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Las Cajas fuertes



apertura-caja-fuerte-sevilla-300x225A pesar de que la idea y los mecanismos para resguardar los objetos de valor en un lugar secreto e impenetrable son tan antiguos como la humanidad misma (sus pistas se remontan hasta las civilizaciones griega, romana y egipcia, cientos de años antes de nuestra era), las cajas fuertes tal y como nosotros las conocemos le deben una parte a las cerraduras de los hermanos Jeremías y Charles Chubb. Aunque ya contamos con lectores de iris, reconocedores de voz y scanners de huellas digitales,  el movimiento de una perilla que gira hacia delante y hacia atrás, marcando un patrón establecido y exacto que abrirá o no la pesada puerta de metal, nació en Inglaterra durante el siglo XIX.

Una ola de delincuencia produjo que los Chubb explotaran su patente con éxito.  Por la misma época se inventó un mecanismo que demarcaba el tiempo de espera para escribir la combinación correcta de movimientos y si uno lo excedía, cualquier posibilidad de abrir las cajas fuertes era cancelada.

Al alemán Joseph Loch le debemos el disco interno que se va destrabando conforme se indica la combinación correcta de números.

Sería hasta la Francia, también del siglo XIX, cuando Alejandro Fichet inventaría, por fin, un cerrojo impenetrable y una caja resistente tanto a desastres naturales como a los ladrones más astutos. Augusto Bauche popularizaría este invento al hacer una pequeña fábrica, exitosa, en primer lugar, por otra ola de delincuencia y el pánico de la población.

Los sopletes de altas temperaturas pondrían punto final a la ilusión de  seguridad que tenía la gente, y sólo los avances científicos del siglo XX han permitido la creación de nuevas cajas fuertes, cuya violación, prácticamente, es imposible.

A finales del siglo XIX Henry Brown patentó las cajas fuertes como la conocemos. La caja de seguridad es, en definitiva, no el invento de un hombre, sino una aportación colectiva de la humanidad supeditada a nuestra incesante necesidad de protección y resguardo.

Se cuenta la historia de una caja de seguridad intacta encontrada durante los ataques nucleares a Hiroshima, Japón, durante la Segunda Guerra Mundial.  Lo que sorprende de esta historia no es lo increíble que puede ser pensar en un objeto intacto después de la destrucción del hongo atómico, sino el lado lógico que oculta: al abrir la caja, los documentos y bienes no presentaban deterioro alguno.

En la actualidad las posibilidades de resistencia que unas cajas fuertes puede tener crecen exponencialmente con los avances tecnológicos: desde la manipulación de su temperatura, lo cual permitirá una conservación más controlada, hasta conectarla a un celular o computadora a los que podrá enviar información.

Al reverso de la historia de las cajas fuertes, el ingenio del hombre para idear nuevos métodos de robo evoluciona igual y con la misma intensidad que el deseo de salvaguardar sus cosas. Desde los antiguos carteristas hasta los métodos que requieren de toda la agilidad mental y destreza con que se cuenta (los atracos cibernéticos o el desmantelamiento de sistemas de seguridad complejos) sólo podemos confirmar la necesidad de permanecer atentos y continuar a la par de lo que nuestro tiempo exige.